Entidades de gestión de derechos y Royalties

Hay una canción de Nacho Cano que arranca así: “Lo mejor de ser artista es el afecto de la gente, los royalties, las sorpresas…”. Los derechos de la propiedad intelectual y los royalties generan unos beneficios importantes. Hoy comentamos en unas pocas líneas cómo se gestiona la propiedad intelectual, los derechos que los artistas tienen sobre las letras y la música que han escrito… y también cómo se puede gestionar que un intermediario reclame lo que corresponde a los artistas, pues ha habido cambios recientes tanto a nivel legal como en Spotify.

Si tienes un pequeño grupo indie y quieres dar el gran salto, si haces música en tu habitación o escribes poesía con una vela por las noches en la soledad de tu dormitorio… has de saber que toda esa creatividad tiene asociada una propiedad intelectual vinculada –¡a ti!- y que se encuentra respaldada por un marco jurídico que defiende a los artistas y creadores.

El actual consumo de música, ya sea a través de los discos físicos –los de Oso Polita entre otros-, la escucha online o los conciertos se encuentra amparado por el real decreto-ley 2/2018, que modificó algunas carencias de la anterior legislación.

Entidades como la SGAE, o como sus correspondientes de otros países como SACEM (Francia), SABAM (Bélgica), GEMA (Alemania) y JASRAC (Japón) gestionan estos derechos y colaboran a nivel internacional a la hora de detectar la música que se escucha en otros países para hacer efectivo el cobro de los derechos de propiedad intelectual y royalties.

En este sentido, la nueva legislación cambia un poco el modelo y se adapta a la década de los años 20 del siglo 21, haciendo posible que cualquier entidad de gestión conceda licencias multiterritoriales no exclusivas sobre obras musicales que se consumen online, independientemente del país en que se consuman.

Como artista has de tener en cuenta que hay muchos focos de procedencia de derechos con entidades relacionadas que gestionan la venta de discos, los conciertos y otros espectáculos públicos, las organizaciones de derechos de interpretación como locales de ensayo y las emisoras.

El reparto de la tarta de derechos intelectuales

Si tienes un contrato discográfico es el propio sello quien se encarga de gestionar estos derechos. En caso de no tener discográfica, habremos de optar por otras opciones como una empresa agregadora –te pueden ayudar CD Baby, Distrokid, Tunecore o La Cúpula Music-, que suben la música a las plataformas digitales a cambio de un precio único o una tarifa periódica. Ellos gestionan la documentación y los registros necesarios. También podrás contratar servicios como la tramitación de los pagos del dinero que genera tu música.

En el caso de Spotify, desde julio de 2019 solo es posible publicar a través de una distribuidora o un intermediario. Además el streaming se hace indispensable, pues supone cerca de la mitad de los ingresos globales de la industria musical.

Por desgracia los ingresos procedentes de las comercializadoras digitales son todavía más bajos que los resultantes de otras ventas, por lo que se debe abogar por un reparto más justo de los beneficios. Ya sabes, adaptarse o morir.